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16 de noviembre de 2012

LA ENIGMÁTICA CRIATURA (capítulo 10)



ARTE EXOTERRA

Pamela se consideraba una artista transhumánica. En menos de un año se había comprometido férreamente con la cultura estética y creativa del transhumanismo cuyo objetivo era fusionar la ciencia y la tecnología en la manifestación de nuevas experiencias intelectuales y sensitivas. Como activista inflexible de esta nueva corriente exploraba el universo con la misma devoción que lo hace un científico, un filósofo o un matemático, depurando al artista del sentido estrictamente tradicional. De tal modo se inició, no sin grandes dificultades en el arte Exoterra, cuyo objetivo inmediato era establecer una propuesta cosmológica impregnada de su propia visión de la realidad. Así surgieron entre sus pertrechos cotidianos los láseres, hologramas, el video, el diseño computacional, las comunidades virtuales, la nanotecnología, la robótica y la inteligencia artificial que compartiría incansablemente con su gran compañero y amado cónyuge.

-Qué lejos se está de los seres humanos que expresaron sus ideas con pedernal sobre la piedra sólida. -Pensaba Pamela frente a la computadora donde bocetaba los grandes rasgos de su nueva obra. Reflexionaba apasionadamente sobre los artistas de fin de milenio que imprimen su huella a través de proyectos electrónicos expertos logrando la interacción de sus ideas. -Hay que reinventar el arte a través de la tecnología que permita la manifestación multidimensional del espacio y el tiempo- concepto que la obligaba dramáticamente a sensibilizarse ante una nueva forma de percepción.

Ese era su preclaro objetivo. El artista usa la tecnología, la inteligencia, la creatividad y la estética, para producir un cuerpo de arte que tiene un propósito definido, que es vital, que revela el pasado, el presente y el futuro. El desarrollo de máquinas inteligentes extremas conmueve nuestra visión del arte. Más que nunca, el arte se desarrolla vigoroso, optimista e inherente en el mundo alrededor nuestro. Los actuales componentes de los artefactos y los nuevos tipos de redes del transhumanismo pueden evolucionar a distancia como los vasos capilares de nuestra cultura. Es el arte del siglo XXI, la manufactura de la artesanía espacial del cosmos, creada por nuevos y versátiles individuos que buscan la inmortalidad para trascender las limitaciones de la condición humana fusionando la parte biológica del ser con las virtudes que otorgan las máquinas inteligentes.

Pamela sabía bien lo que anhelaba, tenía muy claros sus objetivos, -lo demás es talacha- declaraba en voz alta para sí. -Y en ella se te va la vida -reconocía el hecho como una experiencia harto vivida. Trabajó un par de semanas en la concepción de su obra “La niña del Cristo de piedra”, proyecto multimedia que concluyó seis meses después con sorprendente repercusión en el medio artístico exoterra.

UNA CITA SECRETA

Un miércoles muy temprano, Romelia y Yara salieron para Tesiutla, regresarían tres días después con el señor Perilló. Se aproximaba la fecha del examen de la muchacha quién se había aprendido de memoria, de pasta a pasta todos los libros de las diferentes asignaturas para concluir su educación primaria. Las dos mujeres partieron emocionadas ante la expectativa de ver de nueva cuenta la casa de las Gárgolas, no obstante, antes de marcharse llenaron de inútiles y abrumadoras recomendaciones a la dueña, quién se olvidó por completo de acatarlas.

Pamela deseaba estar sola y aprovechó tal circunstancia para dedicarse por completo, en la proximidad del embrujo marino, a la lectura de su precioso libro. Sin desayunar, cómodamente tumbada entre los mullidos cojines de su cama y con las cortinas descorridas del amplio ventanal, viendo como las olas acariciaban la dorada costa de la playa, con gran emoción, como quién se prepara para el advenimiento de una cita secreta, exquisitamente anhelada, abrió con desmesurada delicadeza el regio manuscrito, y en silencio con gran exaltación comenzó a leer...

LA FAMILIA FERRATER

Els raigs del sol es filtren fatigosament enmig de la aromàtica espessor dels xiprers

Los rayos del sol se filtran fatigosamente en medio de la aromática espesura de los cipreses, mientras que el húmedo aire matinal sube sinuoso desde la playa hasta la copa encumbrada de los árboles. El viento arremete con fuerza golpeando los cortantes acantilados de la montaña, al tiempo que la familia Ferrater acelera rauda la marcha. La desamparada Melissa camina tras ellos a una distancia no mayor de veinte pasos. De cuando en cuando Apel, la primogénita de Pere y Marcia, sin soltar la mano tutelar de su madre voltea discreta para ver si la enigmática criatura de la ermita aún les sigue.

De repente al voltear Apel, tropieza dejando caer una cestita con frutas silvestres que lleva en su mano derecha y que el bárbaro ventarrón al punto esparce la frutilla. Melissa se detiene al ver a la pequeña abatida en el suelo. La cesta rueda dando tumbos hasta tocar casi sus pies, momentáneamente cesa la carrera de la canastilla, y al momento que la niña abandonada del Cristo y la virgen Negra la iba a levantar, sale la cesta disparada por una nueva ráfaga de viento yendo a parar a unos arbustos cerca del acantilado. Melissa corre hasta el mismo sitio en el que ha quedado atrapada la cestilla. La ventisca arrecia enredando la burda falda de la niña entre sus frágiles piernas mientras los largos cabellos agitados por la ventolera le hieren los ojos.

Con gran entereza trepa por las aviesas raíces de un enorme ciprés que crece en el brocal del precipicio. Desde lo alto ve la marejada fustigando la húmeda meseta pétrea donde las olas golpean con furia emitiendo un ruido ensordecedor. El viento estruja la rama que Melissa trata de alcanzar. Se encarama un poco más por la troncha bulbosa del árbol asida fuertemente a uno de sus tiernos vástagos. Los Ferrater presencian a lo lejos petrificados el suceso y con un Jesús en la boca ven como la niña de la ermita alcanza finalmente la cestilla. Apel sonríe con el rostro embriagado de ternura, se suelta de la mano de su madre y corre al encuentro de Melissa. Ambas niñas se toman de la mano y se unen al grupo que llega a Pollença cuando el viento ya había amainado.

-Chicuela atrevida – dijo Pamela para sí– que susto me has pegado –suspiró y continuó ensimismada la lectura.

MAGISTER PRINIO CORELLA

El Magister Prinio Corella tenía su residencia en el magnífico monasterio de San Salvador enclavado en la región montañosa de Puig de Randa. Al igual que su admirado Raymundo Lulio nace en Palma de Mallorca en 1415, exactamente un siglo después de la muerte del gran filósofo, alquimista, astrólogo, cabalista y matemático español. Corella, Hijo primogénito del Senescal de Mallorca, fue superlativamente beneficiado por la fortuna de su familia de quien recibió vastas tierras y una educación privilegiada. Estudió latín, griego, árabe y hebreo en Aix (Francia). Después pasó a estudiar medicina en Montpellier, donde más tarde fue catedrático y rector de la universidad.

Siendo muy joven se doctoró en medicina a la edad de veinticinco años. Poco tiempo después alcanzó el título de doctor en Teología y Magister o maître és-arts. Ampliamente reconocido como una mentalidad descollante de su época se distinguió en el campo de la física, la filosofía, la alquimia, y la astrología. Por sus profundos conocimientos en todas las ramas de la ciencia, sus adeptos dieron en llamarle “doctor absolut”. Hizo numerosos descubrimientos químicos e inventó algunos aparatos de física.

Honrado como una verdadera personalidad científica a los sesenta y tres años, dos meses después de las fiestas de consagración de la virgen Negra en la ermita, viaja a Oxford e ingresa a la Orden de Franciscanos. De forma dramática, recluido en el monasterio su suerte le es adversa, sus profundos conocimientos, todos sus escritos, las prácticas de magia y los numerosos experimentos de laboratorio le son atribuidos irremisiblemente por sus superiores a un pacto satánico y de forma categórica y tajante acaban por ser calificados de inadmisibles herejías.

Prinio Corella logra escapar de sus acusadores e inicia un largo peregrinar que dura dieciocho fatídicos años por Austria, Polonia, Moravia, Transilvania, Hungría, París y Roma, lugares donde sin excepción se incrementa el número de sus inflexibles discípulos e irremediablemente el de sus implacables perseguidores. Cansado y enfermo regresa a Mallorca al monasterio de San Salvador, bajo la irresoluta protección del abad Jacobo de Grinaldi.

Pamela cerró por un instante los ojos, apenas un parpadeo, afuera el mar estaba en calma, sólo algunos albatros cruzaban el cielo con gran donaire cuando a lo lejos un barco desgarraba la monotonía del horizonte marino. Los rayos del sol entraron a plomo por el ventanal de la recámara. La dueña se incorporó pensativa, casi fuera de sí y con el libro entre sus manos se encaminó descalza por el pasillo hasta la cocina. Sacó del refrigerador la comida preparada que Romelia había dispuesto en envases herméticos, la calentó unos minutos en el horno de microondas.

Mientras comía reclinó escrupulosamente el libro sobre la repisa de las especies, tomó cada bocado con deliberada parsimonia sin apartar la vista del título dorado “Sincronía”. Con la luz del sol las letras resaltaban aún más sobre la bruñida piel atezada del arcano vademécum. Todo le era tan familiar y a la vez tan ajeno, no obstante cada dibujo, cada rasgo de la preciosa caligrafía, cada paisaje sutilmente descrito en el libro, y cada uno de los peculiares personajes, todo yacía en algún lugar remoto de su memoria. Trató de evocar sus recuerdos más prístinos, pero nada, ni siquiera en el letargo de una fortuita ensoñación se invocaron las recónditas imágenes, harto conjeturadas que ella ansiaba descifrar.

Después de un breve descanso que más bien acontece como un suceso reflexivo, un lacónico instante de introspección, acaso contenido en un tiempo y un espacio para ella aún desconocidos, y sin proponérselo, casi de forma maquinal Pamela prosiguió la lectura en la solitaria comodidad de la estancia. Encendió el aparato de sonido, muy discreto, tenues como un susurro se escucharon diáfanos los acordes del adagio de Albinoni, suspendiéndose una a una las melancólicas notas en el espacio ocluido frente a la vastedad del mar, al compás sugestivo y misterioso de cada letra cuidadosamente trazada, con tal dispendio y maestría como si las líneas garigoleadas de la escritura catalana asemejaran un fantástico jardín repleto de símbolos cuyos pétalos viajaran a la deriva del viento.

Y así, al punto aparecieron las imágenes de la sierra Tramuntana con sus manifiestos personajes y sus, hasta ahora, incomprensibles historias que Pamela devoraba absorta en la privacidad de sus pensamientos.

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